Sin réplica sólo dios tiene razón y entonces los cuentos de niños terminan imponiéndose  sobre la vida adulta. Ofende a la verdad quien crea que el derecho de réplica limita la libertad de expresión porque ignora que se trata del argumento principal para su sobrevivencia.

La libertad de expresión y el derecho de réplica no son dos derechos opuestos sino parte del mismo continuo donde ocurre el diálogo entre los seres humanos.

La conversación es un milagro que sucede porque la primera voz ofrece un argumento, la segunda los secunda o refuta, y la tercera – en singular o en plural – ejerce la contrarréplica.

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