Covid-19 en la intimidad

La ciencia sabe muy poco y el resto de los mortales prácticamente nada. Por abusar de estadísticas hemos asociado el coronavirus sólo a pulmones.

Durante los últimos tres meses he publicado en estas páginas y otros espacios varios textos dedicados al Coronavirus. Como la mayoría de mis colegas he puesto mi oficio al servicio del conjunto: decenas de horas dedicadas a leer, investigar, entrevistar, corroborar, analizar y desestimar información.

Cada vez que observaba tendencias y escuchaba la voz de los que dicen saber, hubo siempre un temor íntimo que imantaba la curiosidad de mis preocupaciones. No imaginé que llegaría el día en que ese temor preciso iba a materializarse.

Antes de escribir esta columna tuve dudas sobre la relevancia periodística de la historia personal que estoy a punto de contar. Se suma el hecho ético de que no es solo mía la angustia provocada por la experiencia.

Sin embargo, me convencí de compartir estas líneas porque considero injusta la observación que solo atiende a los grandes números agregados, vuelo a veces arrogante sobre la realidad.

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