El Poder Judicial en México está sometido. Los gobernadores de cada entidad nombran a los jueces y así obtienen lealtad inopinada de quienes imparten justicia.

La independencia de este Poder no existe y la política sigue siendo en México más relevante que la ley.

El mecanismo de control es sencillo. El gobernador pone al presidente del Tribunal Superior en cada entidad y éste, a su vez, nombra a los jueces, a través de su respectivo Consejo de la Judicatura.

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