Pocos debates en México son tan polarizantes como el que desprende la disidencia magisterial. Las posiciones tienden a ser extremas: por un lado se rechaza una reforma, más laboral que educativa, que ignora las circunstancias específicas de las regiones más pobres y desiguales del país. Se trata de una imposición que rechaza el diálogo y se impone mediante el uso de la fuerza. El otro lado sostiene que son estos maestros, reacios a la evaluación —ese elemental engrane educativo— quienes secuestran las plazas magisteriales desde la ilegalidad y la irresponsabilidad, pues dejan a los alumnos como última prioridad. Estos grupos magisteriales son el obstáculo que impide el necesario progreso de la educación mexicana.

El asalto y la violenta intervención de la policía federal encuentra un rechazo unánime. Sin embargo, permanece una pregunta central: ¿es justa la disidencia de los maestros de la sección 22? Ricardo Raphael modera una mesa que, desde ambas trincheras, apuestan por el diálogo y el debate como vías hacia el entendimiento, la resolución del conflicto y, fundamentalmente, la coexistencia en paz.

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