Toda la atención del viernes por la tarde cayó sobre el desalojo para liberar la Plaza de la Constitución. No hay manera de quedarse con la conciencia en paz después de atestiguar el uso de la fuerza en contra de quienes decidieron desafiar a la autoridad. Los gases lacrimógenos, las bombas Molotov, los trozos de banqueta utilizados como proyectil, los toletes, los escudos, los cascos; síntomas de una misma incapacidad para desahogar las diferencias por un cauce lejano al río de la violencia.

No importa desde qué mirador se hayan observado estos hechos, el pasado viernes ocurrió un fuerte revés en contra del movimiento magisterial que se ha venido fraguando a raíz de la reforma educativa.

Fue así porque la fuerza bruta triunfó sobre todas las demás razones, pero sobre todo porque su uso se percibió como legítimo por un muy amplio sector de la población. Sin importar cuan vociferante haya sido la defensa de los manifestantes en la redes sociales, la acción emprendida por el Estado en el Zócalo de la capital terminó recibiendo respaldo explícito entre una gran mayoría de mexicanos.

Podría argumentarse que los medios de comunicación son responsables de la actual complicidad entre el Estado y la sociedad, en contra del movimiento magisterial, pero esta afirmación no alcanza. Sin duda la propaganda que bebe mala leche abunda entre algunos medios y periodistas, pero también hay otros profesionales de la información que se han visto obligados a revisar sus simpatías cuando un trozo de asfalto urbano hirió a un policía federal o cuando un acto de autoritarismo social impidió a los capitalinos acudir a su lugar de trabajo.

¿Por qué, a diferencia de otros movimientos magisteriales -como por ejemplo el ocurrido en 1989-, en esta ocasión la mayor parte de la sociedad no ha tomado partido por los maestros? Llevan responsabilidad los líderes y voceros del movimiento que, quizá a excepción de Francisco Nicolás Bravo (cabeza de la sección 9 del DF), han manifestado un amplio menosprecio por la manera como la opinión pública valora sus banderas.

Acudo a mi subjetiva evaluación de los hechos para aportar cuatro hipótesis que explicarían la soledad de la CNTE: 1) una parte del discurso contestatario está construido sobre mentiras. Es falso que la reforma en cuestión promueva la privatización de la educación o que ésta encuentre su origen en una orden arrojada desde de los cuarteles del imperialismo extranjero; 2) frente a una muy deficiente ley del Servicio Profesional Docente -obsesionada con la evaluación y poco preocupada por la profesionalización- el gremio magisterial no ha logrado impulsar una propuesta alternativa; 3) contrario a lo que se habría esperado de un movimiento social encabezado por maestros, los convocantes no han articulado un discurso civilizado donde los argumentos sean más importantes que las piedras y los palos y; 4) no se ha desplegado como bandera la democratización del gremio docente, quizá debido a que algunos de los actuales líderes del movimiento descreen de la democracia sindical porque asumen que tal aspiración es cosa burguesa y luego despreciable.

Esta reforma no privatiza ni es obra de un cerebro malévolo de la OCDE. Su deficiencia está en otra parte. En vez de ofrecer una alternativa de formación y mejora en las condiciones laborales y de vida para los profesores, sus peregrinos fabricantes no produjeron una ley dedicada a la profesionalización sino a la evaluación docente. Sin embargo, no es en las calles donde van a corregirse los malos propósitos, ni el diseño equivocado de la norma, tanto menos si se prefiere la violencia como método de solución. Cabe al mismo tiempo advertir que no habrá reforma educativa que eche raíces largas mientras el gobierno promueva la permanencia autoritaria de representantes sindicales indiferentes a los derechos y los intereses de la base magisterial.

Si este movimiento de docentes crece, no será por que logre inventar nuevos mártires o víctimas, sino porque sus convocantes decidan comunicarse, en términos muy honestos y propositivos, con otros sectores de la sociedad. O contagian con su causa más allá de su propio círculo o la soledad de la CNTE terminará siendo una frase corta sobre la fatal lápida de este movimiento.

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2 comentarios en “CNTE en soledad

  1. Un análisis muy centrado sin exabruptos, que plantea claramente la situaciión del CNTE. Completamente de acuerdo. ¡Felicidades por la seriedad y precisión!

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