Carstens, personaje de terror

Es un frívolo, no me cabe ya duda. Cuando explicó que dejaría la dirección del Banco de México, como muchos, encajé mal la noticia. No me alcanzaron sus argumentos por demasiados personales. Y es que se justificó con razones de quinceañera: “mi sueño ha sido dirigir uno de los grandes organismos financieros del mundo y ahora que tengo la oportunidad de realizarlo no puedo negarme a ser el gerente del Banco de Pagos Internacionales,” una institución -por cierto- tan desdentada como un abuelo de 102 años.

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