3. Batalla en San Jacinto

Fue por arrogancia que Texas dejó de ser territorio mexicano. Contra la creencia popular que repite, sin saber, una supuesta venta hecha por Antonio López de Santa Anna, Texas abandonó México por un acto de cobardía (precedido por otro de estupidez) y no por la supuesta corrupción de aquel presidente veracruzano. Hay que visitar el monumento de San Jacinto para valorar en toda su estatura la arrogancia de Santa Anna. Un obelisco blanco, de 172 metros de altura, que mira al mar con el solo propósito de recordar el día en que Sam Houston humilló a su enemigo. No conozco otro sitio que tan ostentosamente simbolice los desencuentros entre México y los Estados Unidos. Ahí está esa aguja altísima que en su punta lleva la estrella texana; erigida como revancha herida para recordar a los muertos de El Álamo y Goliad. Es una columna que no sólo simboliza el triunfo de una nación sobre otra, sino el parte aguas que más tarde permitió hacer a los Estados Unidos la potencia más importante del orbe y a México rezagarse en la segunda liga.

San Jacinto 1

Es ocioso preguntarse lo que habría pasado si Santa Anna no hubiese actuado con tanta torpeza aquel 20 de abril de 1836. Y sin embargo, solo por el morbo que siempre se obtiene por revisar los episodios extraños de la historia y su ulterior desembocadura, recorro aquí los hechos: los Texanos reaccionaron con enojo cuando, en 1833, Antonio López de Santa Anna desconoció la Constitución federalista de 1824. Entonces Esteban Austin visitó la ciudad de México, en calidad de vocero de aquellas tierras, para exigir que Texas fuese considerado un estado distinto a Coahuila. El gobierno mexicano se opuso a esta petición. Los texanos decidieron entonces defender la menospreciada Carta Magna y, con tal pretexto, se rebelaron. Santa Anna, en persona, decidió marchar hacia el norte para derrotar a los sediciosos. Se dice que tan sobrado andaba por aquellos días que se auto nombró “El Napoleón de Occidente”. Arrasó en el Álamo y en Goliad. En la segunda población pasó por las armas a más de 350 civiles previamente derrotados y sometidos. Como pocos hechos, esta última masacre inflamó los ánimos de los independentistas. No obstante, la superioridad numérica y el armamento del ejército mexicano pronosticaban una victoria rotunda.

Pero Santa Anna mandó a vacacionar su inteligencia militar. Después de recuperar San Antonio marchó hacia la costa, al otro lado de la isla de Galvestón. Dando la espalda al mar dio libertad a su tropa para que tomara descanso y decidió esperar a que un buen momento de inspiración le convenciera de atacar al enemigo. Contaba con más de mil 300 efectivos.

Al norte, Sam Houston, jefe del Ejército independentista, dudaba cómo actuar porque de su lado, en número no llegaba a los 930 soldados. Sus comandantes le aconsejaron esperar a que el enemigo mexicano atacara primero. Houston recibió notica de que los hombres de Santa Anna estaban distraídos y sin centinela alguno que les avisara sobre un eventual ataque. Después de las tres de la tarde, los texanos optaron por lanzar el primero cañonazo y tomaron por sorpresa a los mexicanos. Como Santa Anna había escogido un lugar pegado al mar, no hubo ruta de escape. En solo 18 minutos perdieron la vida 630 soldados venidos del otro lado del Río Bravo y 730 fueron capturados. En cambio, según la versión texana de los hechos, solo 9 efectivos de Houston perecieron durante la batalla. ¿Qué dirían hoy los libros de historia si en vez de haber contado con el Napoleón de Occidente, aquellos mexicanos hubiesen sido liderados por un general menos pretencioso?

Entre los cautivos se encontraba este personaje, quien fuera 11 veces presidente de México. Houston trató a Santa Anna como prisionero de guerra. Para defender su vida, el general en desgracia ofreció al texano la firma de un tratado de paz en cuyo contenido quedaron registradas las bases de la independencia de Texas. Si el presidente de México no se hubiese permitido jugar al soldadito, las cosas habrían distintas. Una mala secuencia de coincidencias ingratas llevó a que el futuro de este inmenso estado de la Unión Americana se resolviera durante la batalla de San Jacinto. Justo en el lugar donde ocurriera, se erige hoy un inmenso obelisco que, solo por cultivar el arte del masoquismo, todo mexicano debería visitar.

San Jacinto 3

La batalla de San Jacinto alimentó durante el siguiente siglo toda clase de odios hacia México y los mexicanos. Fue materia potentísima para crear un ambiente xenófobo y discriminatorio. Y es que la identidad texana se fundó en oposición a la mexicana. Durante el siglo XIX, todo lo proveniente de este país era pariente de Santa Anna: su prepotencia, su cinismo, su negligencia. Cuando en 1900 comenzaron a llegar en cantidad considerable, trabajadores mexicanos para participar en la construcción del puerto de Houston, la memoria de aquella derrota era utilizada como justificación para el maltrato, la paga rala y la explotación. Todavía hoy hay quien pide a los México-Americanos que se abstengan de participar en la fiesta local de la Independencia; y es que fueron sus abuelos quienes perdieron la batalla de San Jacinto.

Por si este blanco obelisco no representara suficiente humillación, a un lado suyo se encuentra Deer Park, una de las refinerías más grandes de Texas, en cuyos inmensos tanques blancos se retrata, a todo color, la valentía de los soldados de Houston y la derrota de Santa Anna. Nuevamente las preguntas del hubiera: ¿qué habría sucedido con México si el petróleo de Texas hubiera sido mexicano? Y es que la potencia económica que hoy es Estados Unidos, no lo habría sido sin la decisión que, en 1846, tomaron los texanos para pertenecer al país vecino.

6 comentarios en “3. Batalla en San Jacinto”

  1. No tiene sentido preguntarse ¿qué hubiera pasado si? Los famosos “if s” de la historia. La historia del mundo la hacen las civilizaciones, no los individuos. Aunque Alejandro Magno, Cleopatra, Julio César, Napoléon o Santa Anna hubiesen muerto al nacer, la historia del mundo sería esencialmente la misma. La relación entre México y EEUU está marcada por sus raíces tan distintas, como país EEUU puede ser joven pero como parte de la civilización Occidental es tan viejo como Italia o España.

    La civilización Latinoamericana de la que forma parte México es miles de años más joven que EEUU, Canada o Australia que son basicamente países europeos en otros suelos que no se fusionaron porque tristemente masacraron a todos los nativos. Latinoamerica es la fusión de una mayoritaria raíz indígena en moldes de Europa del sur. Culturalmente el resultado fue esplendido, pero ahora tambien empieza a serlo economicamente, aún con pésimos gobiernos.

    Es asombroso es lo rápido que Latinoamerica está poniendose al día, hemos recorrido los tres mil años que tardo Occidente en doscientos años independientes. En 1910 la diferencia per capita de riqueza entre EEUU y México era de 20 a 1, en 1960 de 10 a 1 y hoy de 3 a 1. Latinoamerica es el 55% de la economía gringa y en 2030 será el 105%, id est, más grande. Pero nosotros tenemos una ventaja sobre Occidente, somos autenticamente más universales. Nosotros si podemos llevar al mundo a un nuevo nivel de civilización. Los gringos, como lo demuestra el muro, no pueden, sus herencia no los deja.

  2. Carlos Chablé

    Excelente artículo. En lo particular, estudiar y leer sobre la Guerra de Tejas y la Guerra de Intervención 1846-1848 me causa una gran fascinación y, al mismo tiempo, un terrible dolor. Si se hubiera ganado la guerra, definitivamente se hubiera detenido el desarrollo de los Estados Unidos y, quizá, se le hubiera dado el impulso que necesitaba la nación mexicana para consolidarse.
    Gracias. Felicidades

  3. Leer sobre las guerras de intervención es para mi un tema que me atrapa.
    Definitivamente esa ‘siesta’ que se tomó Santa Anna nos ha costado a los mexicanos hasta prejuicios sobre nuestra productividad.
    La realidad dista mucho de imaginar que si Texas nos perteneciera tendríamos refinerías de primer orden mundial. Y que si California nos perteneciera Silicon Valley se extendería hasta Guerrero Negro.

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