Uno de los síndromes más mezquinos de nuestros días es la obsesión por colocarse bajo los reflectores, por cualquier medio y a toda costa. No importa lo que suceda alrededor, ni cuál sea el tamaño la tragedia ajena; en el pequeño cerebro de ciertos personajes el ombligo es la única neurona que funciona.

Padecemos de manera crónica del fenómeno “hablemos de mí”; uno donde todo se conjuga en primera persona del singular: yo, mí, me, conmigo y lo demás viene detrás.

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