12. El arte de la raza

En Austin se disfrutan las galerías y los museos. En el número 419 de la Avenida del Congreso, en el corazón de la ciudad, está el Mexic-Art, un centro permanente de exposiciones donde el arte chicano, latino y mexicano se entremezclan tratando de compartir un mismo pretexto para la identidad.

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Sin embargo, de sus muros cuelga evidencia sobre la dificultad derivada de este propósito. Los universos y galaxias que conviven bajo el mismo techo pueden ser parientes ante el ojo extranjero pero no lo son tanto cuando se enfrentan a la mirada propia. Si México son muchos Méxicos, la diversidad de La Raza que vive en los Estados Unidos es todavía más insondable.

Las razones para separar a La Raza sobran. No es lo mismo ser “hispanic” cuyos antepasados se quedaron atrapados contra su voluntad en un cosmos anglosajón – como ocurre en Nuevo México – que “chicano,” hijo o nieto de mexicanos migrados durante la época en que se prolongó el programa bracero. Todavía más distancia hay con quien acaba de llegar por obra de la última ola migratoria, desde los años 90s del siglo pasado hasta nuestros días.

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A esta distinción entre generaciones de migrantes se suman otras dos. Los mexicanos de Woodlands (Houston) o Sonterrey (San Antonio), llegan a los Estados Unidos convencidos de que su dinero les aparta varios kilómetros luz de sus compatriotas los mojados. (Nada más veloz que el respingo de nariz de una niña rica mexicana cuando la dependienta de un Mall exclusivo se atreve a colocarla en el mismo corral de los migrantes pobres). Cosa similar ocurre con el cholo de Los Ángeles que valora al ilegítimo privilegio con resentimiento justificado.

Otra distancia proviene de la geografía estadounidense. Texas no es California, ni Nuevo México es Arizona. Por más que el desierto y las enormes distancias las emparenten, estas regiones se han encargado de separar todavía más a quienes antes de migrar ya estaban alejados.
La Raza se reúne y se identifica con esfuerzo grande porque aparta el origen y las generaciones, la clase social y la inmensidad del territorio. Para ello ayuda también el talento del estadounidense que tan obediente ha sabido ser con mandato de Nicolás de Maquiavelo: ¡divide y vencerás! Pero ese es tema de otra reflexión.

Y sin embargo, contra lo anterior fluye un río potente de significados que encuentran sedimento y denominador común. Esos mexicanos, latinos, chicanos, mexico-americanos, hispanos y varios etcéteras más comparten por encima de todo una pregunta similar: ¿qué hacer con el pasado cuando ya se está parado en lo que será el futuro?

Se trata de una interrogante que en cada circunstancia encuentra una respuesta distinta. Los muros de los barrios mexicanos en los Estados Unidos dan cuenta de la angustiosa duda y de su varia desembocadura.

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Contra un espacio público necio en su negación para confirmar la realidad de la población que vino del sur, el grafiti y los murales improvisados intentan con sus vistosos colores, sus rostros y gestos, sus motivos y leyendas escritas, asegurar un lugar digno para La Raza.

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Es en esas paredes donde el arte de la Raza adquiere primero reconocimiento. Los vecinos le otorgan legitimidad y parte de esa valoración proviene de la solidaridad que el artista pone en juego a través de su obra. En efecto, no es arte de La Raza si la raza se siente juzgada o rechazada por la creación del artista. En sentido inverso, cuando el dibujo y el trazo solidarizan y además son estéticos, la obra se convierte en patrimonio del sedimento común.

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Una vez que se cursa la materia de la legitimidad, entonces la obra puede transformarse en lienzo y entrar a los museos. Exhibirse en Mexic-Art de Austin, en las galerías de San Antonio o en la entrañable arquitectura de Santa Fe.

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Una de las colecciones que mejor han recuperado el talento de esta comunidad es la de los esposos Romero: Estampas de la Raza. Aquí dejo algunas de sus piezas más queridas con el solo propósito de abrir el apetito. Antes cabe la advertencia: no es coincidencia azarosa que Tintán, El Cholo, la virgen de Guadalupe, los grabados de Posada o Frida Kahlo sean, entre otros incontables motivos, sustrato de la Raza, aquí en los Estados Unidos.

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1 comentario en “12. El arte de la raza”

  1. Patricia de los Ríos

    Que padre crónica esta haciendo. Felicidades, me imagino que veremos un libro. Y sí el arte chicano, mexicoamericano es alucinante.

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